Rumores, consuelos de políticos, asistencia psicológica y cámaras y micrófonos para que realizasen declaraciones los tenían por todos lados, información real y soluciones, pocas o ninguna. La comercialización que se hace de los muertos en estos tristes acontecimientos, cocinados y servidos para un público predispuesto a devorarlos mediáticamente, prevalece frente a todo lo demás, incluso sobre los propios afectados de manera directa y su derecho a saber en tiempo real (que no mediático) lo acontecido.En el último año ya se han sucedido tragedias que igualan en número a los muertos de Madrid, como el caso de un cayuco que se partió en dos cuando se dirigía hacia las costas de Canarias y que costó 150 vidas al menos.
Curiosamente, además, es Canarias, lugar donde tenía su destino el avión accidentado, el territorio del estado español que más se ha visto asolado en los últimos años por tragedias relacionadas con la muerte de inmigrantes en el mar. En total, según nos dicen algunas fuentes oficiales como la Guardia Civil, en menos de dos años han muerto intentado llegar a costas canarias más de 1200 inmigrantes (otras fuentes –el propio gobierno de Canarias- multiplican por tres y por cuatro estos datos). Pero nadie se encargó de poner en marcha en ninguna de estas tragedias, por más víctimas que tuviesen, el circo mediático. No venden.
E incluso los muertos en accidentes aéreos en otros lugares del mundo también pasan por los medios sin pena ni gloria. Cuatro días después del accidente aéreo de Barajas tuvo lugar otra tragedia aérea de grandes dimensiones en Kirguistán. Y es que se ve que para esto de los muertos también existe nacionalismo. Si es en España moviliza consciencias, fuera de “las fronteras” ya la cosa es diferente.
En fin, descansen en paz todas las víctimas, sin excepción de patria, religión, nacionalidad, o “medio de transporte” en el que viajasen. Pero en especial descansen en paz aquellos cuyos cuerpos no podrán ser honrados por funerales de estado. Aquellos que no tendrán si quiera la oportunidad de ser partes del circo mediático carroñero que se montan políticos y medios, aquellos que, por ser víctimas del capitalismo y sus injusticias, no merecen si quiera una cobertura personalizada, no vaya a ser que con ello se puedan remover consciencias y poner a la gente cara a cara con sus propias miserias cívicas y morales.
Artículo original de Pedro Antonio Honrubia Hurtado
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