Hace ya un tiempo que se aprobó una reforma en la Ley de Costas, la cual le ha dado unos cuantos metros más de nuestro litoral canario a la corporación que supuestamente protege y cuida nuestras costas.
Pero esto, que en un principio parece tan bueno y de tanto corazón se ha convertido en parte de la gran especulación que existe y existirá en Canarias. Digo existirá porque hasta que este pueblo no se levante un día y diga: ¡Hasta aquí hemos llegado! No se va a conseguir terminar con ella.
Ya sé que hay mucha gente luchando por la causa, como es el pueblo de Cho-Vito en Tenerife, la gente que ama el Confital en Gran Canaria, o Puerto Lajas y Los Molinos en Fuerteventura, entre otros muchos más. Todo este revuelo que se cuece por nuestras islas y de los que pocos se enteran, ya que los medios de comunicación se encargan de ello, son las llamadas expropiaciones, a las que muchos designamos “las expropiaciones de Costas”.
Esto me lleva a hablar de las acampadas, tradición sin igual en nuestra tierra. El que conoce Canarias lo sabe muy bien. Y en este caso, me van a permitir que centre mi atención en mi isla, en Fuerteventura. Para nuestros políticos es la “Isla Tranquila”, con la que cambian oro por nuestra arena, nuestra brisa, nuestro sol y nuestra hospitalidad. Pero la paciencia de los majoreros también se colma. Es bien conocido que Fuerteventura tiene unas playas preciosas, las cuales nuestros políticos, Costas y todos los demás explotadores de turno pueden vender al precio que quieran. Los majoreros, no pintamos nada, más bien, molestamos y perjudicamos la visión de las mismas.
Señores, nuestras vacaciones son esas. Unos pueden decir, no tenemos un sueldo suficiente para irnos de viaje como hacen otros. Yo digo que probablemente tengan razón. Pero además lo que no me llego a explicar es cómo tienen la desfachatez de no poner un camping, ya que no existe.
Señores, los campistas no molestan, los campistas sólo quieren disfrutar de su costa, de su playa, de su tiempo libre y sin hacerle mal a nadie. Pero claro, ahora Costas quiere hasta cerrar la carretera de tierra que une El Cotillo con Majanicho (en la costa norte) para que los campistas no puedan entrar.
No se pide una acampada constante durante todo el año, sólo se pide el tiempo de Semana Santa y verano, y poder acceder al sitio cuando se desee, pues los majoreros tienen el derecho de conocer y disfrutar de su isla. Para quien no conozca el lugar, es un sitio que está deshabitado, no hay casas, no hay hoteles, no hay nada, sólo playas, caletas y el malpei. Pero parece que esta Ley de Costas llega a Canarias con reformas, ya que los hoteles no se tiran y pueden incumplir la Ley, pero unos ciudadanos, un pueblo, el pueblo canario, el pueblo majorero, no. A nosotros si se nos aplica la Ley hasta de forma cruel y sin razones lógicas. Pero yo encuentro una... no somos un negocio, no les damos dinero a cambio de nada.
Canarias, un sólo pueblo para la explotación de los políticos y adinerados, que abusan de nuestra tierra, de nuestro litoral. Canarias, un sólo pueblo, gobernado por el interés. Canarias, un sólo pueblo oprimido, a merced de unos valientes que en las olas de la corrupción no se ocupan de su trabajo de cuidar a su pueblo, protegerlo, escucharlo y atenderlo.
Desde que el bajón de la construcción ha hecho mella en el llamado capitalismo popular del ladrillo, cuyos efectos son mucho más estructurales que cual otra crisis, numerosas empresas han tenido la necesidad de cerrar o despedir empleados de forma más o menos legal. Ejemplos de ello encontramos en toda la isla.
En concreto, las cientos de inmobiliarias que minaban y especulaban con el suelo majorero han ido migrando hacia rincones más suculentos, como Cabo Verde, cuyo futuro tampoco es muy alentador. También las personas que han comprado varios inmuebles creyendo que los vendería a precio de oro, se han dado cuenta que si no los alquilan no podrían hacerse cargo de los gastos de mantenimiento. Los bancos por su parte, no entienden de esperas, y los hipotecados clientes han tenido que cambiar el rótulo de sus propiedades de “Se vende” a “Se alquila”.
En el plano político se observa que el objetivo del Gobierno del PSOE es resolver mediáticamente el problema de la vivienda.
A lo largo de la actual legislatura (2004-2008) el Gobierno ha ido jalonando su quehacer en política de vivienda de gestos mediáticos, con una limitada repercusión real sobre las consecuencias del problema de la vivienda y ninguna sobre sus verdaderas causas. Gestos como la propia creación del Ministerio de la Vivienda -con un presupuesto insuficiente y sin capacidad ni autonomía para legislar decididamente en las pocas materias sobre las que el gobierno central mantiene competencias-, el inmediato Plan de Choque (2004) -del que nunca más se supo-, la fallida y no dotada Sociedad Pública de Alquiler, el Plan de Vivienda (2005-2008) -continuista de los de anteriores gobiernos, aunque con más asignación de fondos-, la nueva Ley del Suelo (2007) -que retoma postulados de leyes del suelo anteriores a la del PP, y que en el pasado tampoco evitaron la especulación-.
Tradicionalmente el gasto de la política pública de vivienda ha ido destinada a sostener la actividad del sector de la construcción subvencionando la edificación y compraventa de viviendas, y la concesión de obras públicas como pedían desesperadamente hace días. Este gasto se ha canalizado principalmente a través de las injustas e ineficientes desgravaciones fiscales por compra de vivienda en el IRPF, que terminan en el bolsillo del promotor/vendedor.
Animamos a los lectores a señalar las inmobiliarias que han echado el cierre. A nivel estadístico y económico es muy sintomático.
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La sociedad identifica dos problemas principales: la atención sanitaria (25,6%) y la inmigración (20,5%) aunque esta última no se especifica de qué manera. Otras cuestiones que están por debajo de estos porcentajes de manera importante: obras, carreteras y asfaltados (5,5%) y transportes y comunicaciones (5%).
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Pájara le salva las cuentas a los empresarios
El presidente del Cabildo, Mario Cabrera, el alcalde de Pájara, Rafael Perdomo, y la consejera de Turismo, Águeda Montelongo, visitaron las obras acompañados de técnicos de la empresa constructora y diversos representantes del Cabildo y del Ayuntamiento. Junto a ellos también asistieron representantes de la asociación de empresarios Altaba, que a continuación se reunieron con las autoridades para estudiar el desarrollo de este proyecto.El alcalde de Pájara, Rafael Perdomo, señaló que “una obra de estas características genera molestias e inconvenientes, sobre todo a los vecinos y comerciantes de la zona, pero repercutirá positivamente en todo el entorno y por eso siempre pedimos un poco de paciencia por los problemas que puedan generarse”. Paciencia...
Por su parte, la consejera de Turismo del Cabildo de Fuerteventura, Águeda Montelongo, señaló que “actualmente estamos trabajando en un segundo Plan de Infraestructuras Turísticas que queremos completar cuanto antes, contando también con el apoyo de los ayuntamientos pero dando entrada también al sector empresarial, para que a partir de su opinión y necesidades se puedan plantear las inversiones, ya que al fin y al cabo ellos son los que están más en contacto con el sector, porque forman parte del mismo”. Como ven, el Gobierno inyecta dinero (público, de nuestros impuestos) en el sistema para que los ricos sigan siendo ricos, y los pobres... a trabajar.
Pero nosotros nos preguntamos, ¿invertirá alguien en pagarnos las hipotecas que pedimos y con las que ellos se enriquecieron?
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