Nuestros políticos critican a líderes latinoamericanos por no limitar su mandato, pero a su vez se eternizan en los cargos.
Sólo hace falta fijarse en las listas electorales de principios de los 80 y la actualidad en todos los partidos de Fuerteventura, desde el sempiterno Domingo González Arroyo, pasando por Domingo Fuentes, Olivia Santana, Eustaquio Santana, Jose Miguel Barragán, y José J. Herrera Velazquez. De hecho, los partidos pueden actuar en muchos casos como agrupaciones de intereses oligárquicos, incluso con matices corporativos, que conducen a corrupciones, a ventajismos y a una acumulación de poder que impide una renovación interna.
Las listas electorales las hacen los partidos eligiendo, según el criterio del aparato partidista, quiénes las componen. Los argumentos por los que se elige a unos y no a otros no suelen tener nada que ver ni con la representatividad social, ni con la formación, sino con el dedo de quien manda.Los partidos se van transformando, por lo tanto, en grandes empresas, donde conviene entrar y aprender a servir a quien corresponde para prosperar en su momento. Vemos cómo muchos militantes
entran en las nóminas de los partidos (Juventudes Socialistas, Juventudes de C.C., Nuevas Generaciones, etcétera)
desde jovencitos y a partir de ahí van trepando en el peor sentido de la palabra. Sin tener que estudiar ninguna carrera, ni aprender idiomas, ni saber recitar dos líneas sin leer una chuleta.
Cuando la política se ha transformado en
una profesión facilona, ejercida a través de los partidos, es muy duro marcharse, porque fuera de la política no se tiene oficio ni por tanto beneficio. Cualquiera que esté en esa situación mata por permanecer en el aparato.
Si creemos que la corrupción existirá siempre, pues siempre habrá gente dispuesta a dar y otra gente a recibir en interés propio, el núcleo del asunto es si la corrupción política es significativa o no. Y en el Estado español es preocupante. Eso ha estado, hasta ahora, ligado a las necesidades de ingresos extraordinarios de los partidos.
Como decían en un artículo reciente de El País
Javier M. Reverte y Agapito Ramos, los partidos son estructuras sin alma. Son edificios.
Unos edificios habitados por gentes que pueden tener en origen un encomiable afán de servicio público, pero cuyos intereses son los de profesionales que tienen que sostener un tren de vida, y defender con uñas y dientes un puesto de trabajo para el que no es fácil encontrar repuesto. Véase, si no, la facilidad con la que un ministro, una persona que suele venir avalada por su gestión o por su sabiduría, puede dejar su puesto y volver a su actividad anterior, mientras las listas de parlamentarios se renuevan sin que nadie se acuerde de sus nombres ni sepamos qué han dicho en cuatro años.
Sólo lo que han aplaudido y votado. Si se expresan de manera inconveniente les expulsará el partido, jamás el elector.
¿Querrán volver a la política los que hablan sin leer, los que saben inglés, los que han negociado en las fábricas convenios complejos, o los que han escrito libros de matemáticas o sociología?
Fotografía: 1985, fotografía publicada en la Voz de Fuerteventura, de izquierda a derecha... Eustaquio Santana (Alcalde de Puerto del Rosario), Felipe González (Mr. X), Jerónimo Saavedra (Presidente de Canarias) y Domingo Fuentes (Portavoz Socialista en el Cabildo de Fuerteventura).
MAS INFORMACIÓN: http://fuerteventuralimpia.blogspot.com/